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sábado, 14 de marzo de 2015

Historias sobre Julieta

Como escapar de un abusador

Parte I

Egon Schiele

Corre.
Ese fue el único pensamiento que el cerebro de Julieta pudo conjurar luego de haber quedado paralizada durante lo que pareció toda una vida. El primer golpe fue inesperado. Todo ocurrió en cámara lenta, como escena de película. La mano gigante se echó hacia atrás como para agarrar impulso y hacer que el golpe doliera más. Identificó a su víctima y se trazó una trayectoria. Se lanzó. El suceso ocurrió en cámara lenta ante los ojos de Julieta, pero el golpe vino de manera instantánea y sin aviso. La mano abierta que viajaba a treinta y dos millas por hora alcanzó su objetivo, la mejilla juvenil de Julieta. Las pieles se juntaron para este trágico suceso. Luego de voltear la cara de Julieta de izquierda a derecha y tras despegar su látigo de la víctima, aquella mano gigante se llevó consigo un poco de piel de la mejilla de Julieta. Las luces de la oficina parpadearon y el edificio tembló al ritmo que temblaban las manos de Julieta. Se estaba ahogando en su sudor, respirar era una labor titánica, su mente estaba en blanco. El abusador se alzó aun más como serpiente mientras manoteaba y gritaba, "¿Qué carajo haces aquí? ¿Qué estabas pensando?" Se acercó a Julieta y la exprimió con sus manos mientras la jamaqueaba y le escupía la cara con sus gritos, "¿Qué carajo estás pensando?" ¿Qué estaba pensando Julieta en ese momento? Nada. Su mirada vacía se filtraba por la ventana, pero no lograba ver nada. Detrás de la ventana no existía la ciudad que ella conocía, no existían sus amigos ni su familia, no existía ella y tampoco existía todo este dolor, solo había un gran resplandor. "¡Te prohibí que vinieras a verme a la oficina!" Las manos del abusador apretaban cada vez más, sus dedos rozaban los huesos cansados de Julieta. Por fin la soltó. Julieta caminó hacia el baño de la oficina cuando recibió el segundo golpe. Esta vez cayó al piso. Este golpe fue peor que el primero porque este lo recibió mientras estaba de espalda y vulnerable a todo mal. "¿A dónde crees que vas? ¡Te estoy hablando!" Julieta por fin logró dejar escapar unas palabras tímidas, "Iba a usar el baño." Aborreció su reacción casi al instante, pero su boca no lograba reproducir más nada. Estaba atrapada y no sabía como escapar. Sus pies se despegaron del suelo y comenzaron a bailar fuera de tiempo. Sintió la mano del abusador entre sus rizos. La movía de un lado a otro como fantoche. Pensó que esta vez si correría por su vida. Las garras se aflojaron en un momento de descuido y los rizos lograron zafarse. Julieta salió corriendo de la oficina. No tomó el elevador. Golpeó la puerta de emergencia con todas sus fuerzas y el edificio comenzó a llorar. Bajó las escaleras de los once pisos sin tropezar hasta salir a la calle. Se sintió en un mundo de fantasmas. No veía bien, los carros y la gente eran meros celajes. Nada se veía claro, excepto su vómito en la acera blanca. Corrió sin detenerse hasta llegar a su lujoso apartamento. Allí permaneció inmóvil. Y mientras esperaba con miedo la llegada del abusador, se sentó en el sofá a tomarse sus lágrimas rendidas. 

Creative Commons LicenseHistorias sobre Julieta: Como escapar de un abusador Parte I by Ismarí Marín Negrón is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

domingo, 22 de febrero de 2015

Un recordatorio sobre la perspectiva de género



"Cariño, ¿qué te hace pensar que tienes el derecho a decirme que no? Yo soy un adulto y tu eres una niña." (Palabras de un agresor sexual)



Vallejo

Todos los días somos víctimas del machismo. Pero, algunos recordatorios hacen que todo duela más. Hacen que el cuchillo que ya me atraviesa se prenda. Y se convierte en un arma que no solo corta pero que también quema. Y no solo quema, sino que también hace que mis entrañas ardan. Y no solo me arde, este maldito cuchillo también me envenena. 

Cuando ando por la calle sola, las miradas, los susurros, los besos, las bocinas, los gritos, la persecusión, los roces indeseados, la invasión de mi espacio, las caras bellacas son todo un recordatorio. Pero, algunos recordatorios hacen que todo duela más.

Como tratar de contar cada momento en el que un hombre parido por el patriarcado, familiar, compañero de trabajo, profesor, compañero de universidad y jefe me acosó y abusó sexualmente. No puedo, me faltan dedos en la mano. Algunos recordatorios hacen que todo duela más. Sobre todo cuando pienso que yo no he sido la única. Porque todas fuimos iniciadas, amigas, hermanas, madres, tías, abuelas y primas. Algunas primero, otras después. A mi me iniciaron a los diez. 

¿Pero fulano? 

Sí, fulano

¿Estás segura? 

Sí, estoy segura.

¿Por qué no dijiste nada?

No sé.

¿Qué tenías puesto?

Mis pijamas. 

Algunos recordatorios hacen que todo duela más. Las preguntas innecesarias se quedan impregnadas en mi piel. Las preguntas que parten de la premisa de que yo me lo busqué. Las preguntas que solo se le pueden ocurrir a una persona que es hijo del patriarcado y del machismo. Las preguntas que se repiten en televisión nacional, "¿Por qué andaba sola a esa hora?" Recuerdos, recuerdos...

Y entonces recuerdo que el 16 de febrero marchó una multitud de gente en contra de una educación que lograría que a todas las mujeres nos lastimen menos. Esos que sugieren el silencio de la víctima para proteger al violador, esos que se incomodan cuando hablo sobre lo que me ocurrió.

Algunos recordatorios hacen que todo duela más.




Creative Commons LicenseUn recordatorio sobre la perspectiva de género by Ismarí Marín Negrón is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.