Mostrando las entradas con la etiqueta normas sociales. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta normas sociales. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de noviembre de 2014

Maestra extraordinaria



Tomaré las palabras de Casas prestadas, "La clase que doy es Economía Doméstica. La realidad es que su nombre correcto es Programa de Ciencias De La Familia y el Consumidor. La gente piensa que lo que hacemos es cocinar y cocer." Pero, como no todo es como uno cree agrego más palabras por parte de Casas, " ...yo les enseño a mis estudiantes destrezas de vida."




El día de hoy tuve la oportunidad de compartir con la Profa. Casas y sus estudiantes pertenecientes a la Escuela SU Cacique Majagua de Bayamón. Además de viajar por todos los pueblos de mi isla, Puerto Rico, dando abrazos y promoviendo la no-violencia, también comparto mis experiencias personales sobre la aceptación, el amor propio y el acoso o bullying.  Me llena de alegría saber que existen maestrxs que se preocupan por el bienestar de sus estudiantes y que entienden lo fundamental e importante que es presentar y trabajar temas como el amor propio desde una edad temprana. Casas, es un ejemplo de esto, quien no solamente tuvo el interés de que yo compartiera con sus estudiantes y pudiera servir como motivación, sino que además, como parte de su currículo para la clase de Economía Doméstica, incluye unidades totalmente dirigidas a las destrezas de vida. 

No me afeité las piernas y me puse un pantalón tipo capri para que se vieran a simple vista parte de mis piernas. Por supuesto que lo hice con toda la intención. Les presento el tema y soy recibida con comentarios como, "Eso solo te tiene que importar a tí." y "¡Esas son tus piernas!". ¡Bravo! Unxs jóvenes de quince años y menos pudieron lidiar tranquilamente con el hecho de que yo no tuviera las piernas afeitadas. A tí, hombre o mujer de treinta años o más que me lee, piense que si unxs jóvenes de catorce y quince años tuvieron la capacidad de comprender que cada persona luce las diferentes partes de su cuerpo como desee, entonces es tiempo de que usted también madure y comprenda lo mismo. 

Por supuesto que habían jovencitxs tímidxs y que evidentemente estaban lidiando con su autoestima, sin embargo ese es el detalle, estaban lidiando. Lo estaban manejando, me escucharon, hicieron preguntas, fueron valientes y compartieron experiencias personales. Realmente me irritan los adultos que pretenden normalizar el acoso en las escuelas diciendo cosas como, "Eso es normal, todos lo hacen." o "Yo fui víctima de bullying cuando chamaco y hoy día soy una persona normal, no me afectó." ¿De verdad no te afectó? Los invito a mirar hacia adentro y evaluar qué tan cierto es eso de que escaparon ilesos de situaciones traumáticas que lamentablemente son normalizadas y muchas veces ignoradas. La batalla es real. Lo sé por que yo fui víctima y lo sé por que lo veo en los ojos de cada niño que veo en cada escuela que visito. 

El respeto, el amor propio y el trato digno son cosas que se enseñan y se aprenden igual que el odio. ¿Qué le vamos a enseñar a nuestrxs niños?



Creative Commons License
Maestra extraordinaria by Ismarí Marín Negrón is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

jueves, 30 de octubre de 2014

Tener pelo en mis axilas me convirtió en una mujer libre



Frida Kahlo por Julian Levy 
La primera vez que vi a una mujer con pelos en las axilas tenía unos doce años de edad. Me parecieron curiosos y hasta interesantes los vellos dorados que se asomaban cada vez que ella movía sus brazos. Observé los vellos de la joven adolescente una sola vez y con eso me bastó. En menos de un minuto dejó de ser algo extraño y yo continué con mi vida como de costumbre. Hoy día soy yo quien genera miradas de espanto e infartos por tener unos cuantos vellos bajo mis brazos. 

En un día traumático para mi infancia, me encontraba en la fila para entrar al comedor escolar de mi escuela elemental cuando se acercó una maestra. Yo llevaba el uniforme tradicional de la falda tipo mameluco de cuadros y una polo color rosa Pepto-Bismol que detestaba. Tenía nueve años y la vida aún me susurraba al oído cosas bonitas. Lamentablemente, luego de esa tarde las cosas jamás volvieron a ser igual. Mientras esperaba en la fila con el resto de las niñas la maestra, quien se había acercado a mi, con cara de horror, denunció lo terrible que le parecía una parte de mi cuerpo, mis pelos. Me humilló delante de todas mis compañeras y entre las cosas que me dijo estuvo el mandarme a afeitar las piernas, por que según ella tenía demasiados pelos, eran demasiado negros y por lo tanto eran demasiado evidentes, por lo que se veían feos. Ese día comenzó la relación tormentosa con mi vello corporal. Llegó a su hogar mi versión de nueve años exigiéndole a su madre una rasuradora. 



Los pelos negros son algo que caracterizan gran parte de mi cuerpo ya que son más visibles que los de otras personas. Son evidentes en mis brazos, piernas, cara y barriga. Durante mucho tiempo me sentí mal por tener vellos en mi barriga mientras que algunxs familiares también sintieron la necesidad de mandar en mi y de ordenarme afeitar mi barriga. Sobre esto, mi madre fue inteligente y me aconsejó que no me afeitara la barriga, así que nunca hice el intento. Pero ni hablar sobre mis piernas y mis axilas. Salir de mi casa sin afeitarme no era una posibilidad, y fue así durante mucho tiempo. Había cometido el error de permitir que otros mandaran en mi. Pasó mucho tiempo antes de que pudiera recuperar mi autonomía, pero luego otro evento traumático y de leer mucho le arrebaté al mundo mi libertad a elegir. Es difícil aceptar las partes de nosotros que lucen diferentes a las de los demás por que la mayoría de la gente buscará la manera de humillarnos, avergonzarnos y obligarnos a modificar eso que es distinto. Tal y como lo hizo aquella maestra ignorante conmigo. Sin embargo, si nos educamos, particularmente con opiniones que no sean necesariamente populares, es posible expandir y transformar el entendimiento que tenemos sobre nosotros mismos y el resto del planeta. 

No, no tienes que dejar crecer el pelo de tus axilas y piernas para ser una mujer libre. Lo importante es que comprendas que quien manda en ti eres tú y nadie más. Pero, como a mi me gusta poner a la gente a pensar, las invito a que se pregunten cuáles son las razones por las cuales se afeitan y desde dónde eligen hacerlo. ¿Te afeitas estando consciente de que eres libre de hacer lo que desees con tu cuerpo o te afeitas para cumplir con una norma social?


Creative Commons License
Tener pelo en mis axilas me convirtió en una mujer libre by Ismarí Marín Negrón is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.